lunes, 22 de mayo de 2006

"Aún más bello y dulce, otro país existe"

Fotografía de Carlos Ricardo



Por Jorge Rojas
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Un silencio de asombro y respeto se apoderó de la Plaza de Bolívar de Bogotá en el momento en que un indígena Kofán y después un anciano Arahuaco de la Sierra Nevada de Santa Marta convocaban en sus lenguas nativas a la madre tierra, a los dioses de la naturaleza y los espíritus de sus antepasados, a “limpiar de malas energías” el país de la violencia, la desigualdad y la pobreza.

La palabra ancestral de los “hermanos mayores” conmovió a cerca de 60 mil “hermanos menores” (blancos, negros y mestizos) que colmaban el domingo 21 de Mayo de 2006 la principal plaza pública de Colombia, convocados por el Polo Democrático Alternativo para cerrar la campaña electoral del candidato presidencial de la izquierda, Carlos Gaviria Díaz .

La ceremonia indígena, mezclada con el mensaje aterciopelado, sencillo y profundo de Andrea Echeverri, la exigencia de cese al fuego y no más guerra del Doctor Krápula y el estribillo de “se prendió, se prendió y jamás se apagará” de la cantante cubana Brenda, provocó una especie de éxtasis, de emoción contenida de miles de seres humanos atrapados en una burbuja gigante de esperanza y unidad.

La “ola amarilla” se inició hacia las dos de la tarde con el arribo de los primeros manifestantes y centenares de trabajadores de la cultura a la histórica plaza. Después llegaron los maestros, las comunidades negras, los trabajadores de la rama judicial en paro, los jóvenes de las universidades, las mujeres de los barrios populares, los intelectuales, las personas en situación de desplazamiento, los trabajadores sindicalizados, la gente sin empleo y una interminable fila de simpatizantes de un candidato que insiste en que no gobernará “para ellos sino con ellos”.

A las tres de la tarde la inmensa explanada estaba llena y a las cuatro era imposible llegar al monumento al libertador Simón Bolívar ubicado en el centro de la plaza, por lo que buscaron un espacio en las escalinatas del Palacio de Justicia y de la Catedral Primada y en las vías de acceso por la carrera octava, por la carrera séptima y por el museo del 20 de julio. “No hay plaza para tanto Polo” dijo una alegre activista en alusión al desafío planteado por el candidato presidente de superar el acto público del viernes 19 de mayo cuando el uribismo alcanzó a reunir 20 mil personas en el mismo sitio.

A las cuatro y treinta de la tarde y luego de las palabras emocionadas de los congresistas y líderes de la izquierda, unida alrededor del Polo, ingresó a la tarima central el maestro Gaviria, su esposa María Cristina Gómez y la escritora Patricia Lara, candidata a la vicepresidencia. La plaza de Bolívar se confundió en un solo grito: “se vive, se siente, Gaviria presidente”.

Gaviria habló como el maestro frente al Ágora. En un discurso tranquilo, claro, transparente y pedagógico, el candidato moldeó la palabra hasta convertirla en mensaje que después transformó en fuerza en el corazón y la razón de la gente.

“Estamos ganando la campaña en la plaza pública” dijo Gaviria en una respuesta contundente frente a las últimas encuestas que a cuenta gotas miden la intención de voto de algunos sectores de la población. Habló de soberanía y de democracia, de la “capacidad de la izquierda para gobernar”, citando las administraciones de Lucho Garzón en Bogotá y de Angelino Garzón en el Valle del cauca, desconoció los agravios y el macartismo de la campaña uribista “porque no se fundan en argumentos”, llamó, otra vez a “construir democracia y a combatir la desigualdad” y terminó con el fragmento de un poema de Aurelio Arturo según el cual “aún más bello y dulce, otro país existe”

El maestro recibió una gran ovación que retumbó en el centro histórico de Bogotá como si una algarabía de gritos inevitables fuera necesaria para demostrar que lo dicho era lo que se esperaba y como si un sonar de manos que se juntan con fuerza fueran imprescindibles para reafirmar el compromiso.

La plaza permaneció llena desde las tres de la tarde hasta las 8 y 30 de la noche. Fue un acto de conciencia real y no una presencia formal. Cinco horas y media ahí, sin otra motivación que el deseo, tantas veces postergado, de cambiar el rumbo del país, de ejercer la ciudadanía, de hacer parte de la historia.

Allí escucharon a Laura Restrepo leer emocionada el mensaje de José Saramago “si yo fuera colombiano votaría por Carlos Gaviria”, escribió el Premio Nóbel de Literatura. También la voz tímida del poeta William Opina anunciando que “el 10 de abril comienza hoy” en una referencia al asesinato de Gaitán ocurrido el 9 de abril de 1948 “cuando se detuvo la historia de Colombia”, justo antes de que el caudillo llenara por última vez la plaza de Bolívar. Hasta este domingo del 21 de mayo de 2006, día clave, cuando la historia recordará el fin del bipartidismo excluyente y el surgimiento de la “franja amarilla”, convertida en un sueño que casi podemos tocar con las manos.

Bogotá, 22 de mayo de 2006

1 comentario:

Rodrigo dijo...

Te felicito. Una reseña de lo que pasó esa tarde y una gran premonición de lo que vendrá. Esperemos que la democracia de los soberbios no traten de acallarlos, ni de acallarnos. Un abrazo