martes, 11 de abril de 2006

Las consignas




Por Carlos Ricardo

Tal vez, de la primera consigna que tengo memoria, es la de José Antonio Galán, nuestro comunero héroe, quien después de que la fogosa Manuela Beltrán, tabacalera del pueblo, hizo mofa de los reales decretos y los pretendió usar en menesteres muy lejanos de su intención original, lanzó la famosa proclama “¡Ni un paso atrás, siempre adelante y lo que ha de ser, que sea!”

Las épocas de la Conquista y de la Colonia, son ricas en esas frases, casi muletillas, que han encarnado los anhelos de un grupo social, de una comunidad, de un pueblo, de una comarca o de una nación. En el arrobamiento del triunfo o del no triunfo, el surgimiento de esas frases célebres, algunas ingenuas, pero todas ambiciosas, se convierte en el punto común, el contacto colectivo, la insignia de quienes a una sienten que al hacer uso de esas sílabas casi siempre cuidadosamente rimadas, están conjurando al bien o al mal.

Con seguridad, los marineros amotinados de Colón usaron consignas para atraer y convencer a sus indecisos compañeros, de la misma forma que hoy lo haría cualquiera de nuestros políticos con intenciones menos altruistas.

Aunque desde esa mirada histórica, no imagino a los discípulos de Sócrates promoviendo entre los afiliados algo como “¡Viva la cicuta!”, “¡Tome cicuta y acompañe al Maestro…!” o a los primeros grupos de católicos, rimando en arameo o copto, sus proclamas y oraciones.

En la época moderna los eventos históricos debieron producir muchas consignas, algunas de ellas convertidas en epígrafes, adornos de dinteles o epitafios de hombres y mujeres insignes.

Con un poco de ingenio, se podrían recuperar esas frases mágicas que anduvieron a paso de corcel por las selvas y llanos de la Gran Colombia, en boca de los Ricaurte, de Paez, del Bolívar que la épica o la propaganda no han logrado desfigurar del todo: en las cargas del Pantano de Vargas o del Puente de Boyacá, tal vez los patriotas lanzaron sus consignas con la esperanza de obligar a los chapetones a declinar las armas y liberar a la patria.

En los años 30 del siglo XX, las consignas de los primeros socialistas colombianos, Luis Tejada, Gerardo Molina, María Cano y otros, recorrieron las tierras del país a lomo de mula y de ferrocarril, agitando a los braceros y trabajadores de los puertos dormidos del Río Magdalena. En su movilización, los trabajadores bananeros que buscaban su bienestar ante los atropellos de la United Fruit Company, usaron consignas que luego se apropiaron los estudiantes que el 8 de junio de 1929 organizaron la revuelta que terminó con la muerte del primer universitario asesinado en Colombia, de quien se tenga noticia: Gonzalo Bravo Paez.

Mucho más adelante, en revueltas que fueron recordadas recientemente por las movilizaciones en contra del Gobierno francés, protagonizadas por los universitarios parisinos, los protagonistas del Mayo francés de 1968, entronizaron frases y consignas que aún la muchachada universitaria del mundo, utiliza como propias: “Sed consecuente, pedid lo imposible”, “Prohibido prohibir”, “Burgueses, ustedes no comprenden” y otras muchas. Esas frases fueron emblemas de un conflicto que se hizo común en todo el mundo, con diferentes resultados, algunos de tal violencia, que originaron muertos aún no contados, como lo sucedido en ese mismo año en la Plaza de Tlatelolco en Ciudad de México en donde se asegura, fueron fusilados cerca de 300 estudiantes que participaban en las protestas.

Pero en América Latina, tal vez los dos procesos que generaron más consignas fueron en su cronología la llegada al poder de la Unidad Popular en Chile y el derrocamiento de Anastasio Somoza, por el Ejército Sandinista de Liberación Nacional.

En los años 70 con Salvador Allende en la Presidencia de Chile, una de las consigas más coreada fue la conocida “El pueblo unido, jamás será vencido”. Llegó a ser emblema de las marchas de apoyo al Gobierno de la UP, asediado por las acciones de la CIA y de la ITT, dentro de la política global del gobierno de USA.

Los hechos posteriores son conocidos y baste con éste recuerdo para aspectar un hecho llamativo visto en los noticieros de la noche anterior: miles y miles de migrantes ilegales en Estados Unidos, coreando la consigna “¡El pueblo unido jamás será verncido!”. Es evidente que no hay intencionalidad política en ese uso y menos, que quienes la usan tengan identificadas las raíces históricas de esa consigna, pero no deja de ser un hecho curioso, que los migrantes latinos en USA usen una frase que tuvo un significado tan fuertemente antiimperialista y de lucha por la dignidad de un país latinoamericano. Esperemos que nuestros compatriotas latinoamericanos en USA, logren su “sueño americano” en la acepción que ello significa: el sueño de una América unida, en donde se respete la vida y a quienes queremos vivir dignamente.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Y también estuvieron allí las pancartas con el ícono del «Che Guevara»

Anónimo dijo...

A la cargaaaaa