domingo, 23 de abril de 2006

ESA MULATA ME BESÓ EN LA BOCA







Por: Mario Hernán López


Un buen sitio para escuchar el son, el soul, la rumba y la conga está ubicado en la esquina del parque John Lennon, once cuadras abajo de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba. El miércoles pasado, con mi mujer y dos amigos cubanos, salimos a caminar por el sector del Vedado en busca del lugar, el Vedado es un barrio elegante, emblemático en la Habana de la primera mitad del siglo XX; en el trayecto nos deleitamos con la arquitectura generosa de la ciudad y los sonidos de la nueva conga que salían por las puertas de todos los solares: - Micaela se fue pa otra tierra buscando camino…solo vive llorando y sufriendo pensando en su hijo…-

Los amigos cubanos relataban las penurias económicas en los tiempos difíciles del período especial, hacían juicios tímidos sobre las condiciones políticas actuales y se extendían en descripciones acerca de las dificultades en los últimos años para conseguir las cosas más simples. Mientras caminábamos, fue apareciendo una conversación sobre estilos, calles, patios y puertas metálicas que arrastraba comentarios sobre las implicaciones sociales y económicas del turismo, el control de las opiniones y la restricción del Internet en la isla.

A esa hora la discoteca abría las puertas al público: una fila de diez hombres y mujeres jóvenes, cada uno con su libreta de identificación en la mano, cantaban a coro canciones de los Van Van y NG: - la Habana está buena y yo me voy aunque me den candela…- Después del registro burocrático ante el portero, de hablar con acento cubano para pagar una entrada mucho más barata - y de sufrir una decepción musical con las canciones de Richi Martin como apertura musical de la noche - apareció en el escenario el grupo musical de planta interpretando soul, una voz como la de James Brown inundó el lugar en el que se desató una fiesta: brazos y caderas en movimiento, sensualidad, sandunga y baile contenido aparecieron minutos más tarde al ritmo del son y la conga, la guitarra y el bongó.


En los intermedios musicales volvíamos a la política, a los logros e ingenuidades de la revolución, sin atropellarnos en la palabra compartíamos opiniones sobre Cuba y Colombia, sobre el igualitarismo y la elección individual. ¿Porqué los jóvenes no parecen valorar la revolución? ¿Cómo está el conflicto armado en Colombia? ¿Pueden ser santeros los cristianos?

En la mitad de la fiesta, mientras sonaba una timba, una mulata vestida de blanco me invitó a bailar, me dio un beso en la boca, envainó su trasero en mi humanidad y comenzó un movimiento que llevaré para siempre tatuado en la memoria corporal. Esa es Cuba chico, dijo en voz alta uno de mis amigos… talvez para dorarle la píldora a mi mujer.

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