martes, 14 de febrero de 2006

Uñas de gato



Por Rodrigo Restrepo

Con la captura de «La Gata», empresaria de juegos al azar en la costa atlántica, reaparece en los medios el ministro palíndromo, Sabas, tratando de hacer ver en un tartamudeo no inteligente, que habla a nombre propio, como hombre de estado en la cartera de la política y de la justicia. Pero no hay tal. Una de las estrategias que hasta ahora le ha dado cierto resultado al inefable, en especial en los círculos angelicales de quienes creen que ellos son la patria, y que los demás son ingratos advenedizos que quieren falsear la imagen refulgente del Señor, es aquella de hacer que el mencionado ministro enrede lo que todos tenemos claro, para conveniencia del que ya sabemos, del que no se puede nombrar.

La «peligrosidad» de La Gata requirió el despliegue de uno de los operativos más grandes y espectaculares de las fuerzas oficiales según se cuenta en Magangué, su conocido lugar de residencia, se percibió en la capital misma, en el bunker de la fiscalía. La orden de captura expedida por las autoridades que garantizan la seguridad democrática se soporta en pruebas recolectadas científica y técnicamente durante años, que implican a La Gata en el lavado de multimillonarios activos y a través de ellos, incidir por amistad y complacencias en la política administrativa de la cosa pública para beneficio propio, para la adquisición de poder, lo que en Colombia es un delito.

Además de declarase inocente, denuncia por radio y televisión sintiéndose traicionada, a quienes en el pasado la han visitado en su casa en procura de financiación para las gestas políticas de las que ahora se habla y se bendicen; que su empresa aportó casi 100 millones de pesos para la campaña del actual mandatario de la nación. Lo cual se declara por el señalado, como cierto, tal cual consta en los informes de financiación de la campaña, presentados a su debido tiempo, hace varios años atrás, y ahora dispuestos para que cualquier ciudadano lo verifique.

Sabas manifiesta que es muy probable que el Señor conozca a La Gata, quien con su ya reconocida amabilidad y gentileza saluda a todo el mundo, lo que no descarta que en alguna ocasión la haya saludado en sus correrías de candidato. Que el Señor ha reconocido que recibió aportes en dinero, pero que también lo hicieron los otros que estaban en campaña presidencial. Que el Señor no ha protegido, ni protegerá a quien en un momento dado le soportó y ahora esta implicado en algún tipo de delito, en un claro ejemplo de limpieza y entrega al país.

De estos hechos y declaraciones no surge ninguna pregunta, ya que muy bien sabemos en que va a terminar. La Gata será condenada a prisión domiciliaria en las oficinas de la empresa de chance; gozará del beneficio del trabajo en su lugar de reclusión. Las entidades bancarias involucradas no levantarán la reserva bancaria de este cliente, ni de ninguno otro, en clara defensa de los inversionistas que confían en los planes de desarrollo de éste gobierno. Los fiscales investigadores serán destituidos y tendrán que exiliarse en Madagascar. Los Representares a la Cámara no encontrarán méritos para investigar al Señor, después de largos debates para levantarse mutuamente los impedimentos que el 85% de ellos ha declarado tener. Monseñor Pedro Cardenal Rubiano dirá que si antes en palacio no vieron un elefante, mucho menos ahora verán una gata. Sabas, orgulloso dirá que la justicia ha triunfado de nuevo en Colombia. Fabio Echeverri, que una vez más el Señor a salido avante de las trapisondas que los enemigos de la patria bellacamente le han montado al Señor, según se demuestra en las encuestas de Palacio. Y las donaciones a la campaña, impolutas, lavadas, bendecidas, como hacían los papabiles colombianos en los años 80 en Medellín y Pereira.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Luego que durante los ultimos 55 años, la mano desalmada del sistema haya asesinado y eficazmente callado la voz espontanea de la gente, es imposible que hoy haya alguien con mas popularidad y viabilidad electorial que los mismos asesinos o sus complices. Por favor, no arriesguen mas su salud mental, no insistan.