lunes, 13 de febrero de 2006

Incesgénesis, el diseño original


Por Rodrigo Restrepo Gallego

PRIMERA PARTE

La primera pelea entre humanos según se ha rumorado durante siglos fue entre hermanos, la segunda entre padres, la tercera entre la familia misma. Del diseño original, en ese entonces y hasta que las aguas se desbordaron, no había otra opción para forjar el carácter humano.

Estaban allí, donde todo el mundo sabe, a campo abierto, los dos primeros; los dos que no eran dioses, ni demonios, ni humanos, ni animales; no nacieron de madre, ni de padre, no tuvieron hermanos, no tuvieron infancia, ni adolescencia; fueron creados como individuos adultos en plenitud, maduros en todos sus órganos y funciones para procrear al humano, al hombre, a la mujer. También andaban por ahí, los hijos, ardientes machos que aprendieron a copular de su padre, quien a su vez aprendió de su mujer; y años después, las hermanas, grandes reproductoras como la madre.

De la selección de varios hombres para el apareamiento por parte de una mujer, surgió la preferencia, el entendimiento, la selectividad, y el olor de la conveniencia amatoria para formar parejas, ternas, cuaternas,… clanes, ciudades; además de, la envidia, la exclusión, los celos, el rapto, la seducción y el engaño, la codicia por el dominio de los bienes del cielo, de la tierra y de los otros en ellos habidos o inventados, la agresión y el homicidio. Surgió la humanidad.

Kai, el primer nacido humano, sacado del nido de la madre por el nacimiento de su hermano Bel; por las ocupaciones de labrador que su padre le asignaba mientras inventaba la agricultura, la caza y el amansamiento de animales; cada día, cada noche, ardía en cuerpo (el alma no había sido inventada todavía) mientras el padre y el hermano Bel dormían a la única mujer habida; la poseían por turnos, empezando siempre Bel. Sintiendo envidia Kai, inventó la masturbación.

Desesperado, sin oportunidades, Kai rogó por un nuevo nacimiento que sacara a Bel del lecho materno; por una hermana de padre, que lo tomara a él para sí; nunca por una sobrina hermana parecida a Bel; por la esterilidad de Bel. Fue oído, pero no hubo mujer para él ser tomado. Parió Ev-Ma a Set, el tercero hijo de Ev-Ma, de contextura fina y delicada, idéntico a Bel. Set, desde pequeño se acostumbró cual guardián a dormir a los pies de Bel, de Dan-Pa y de Ev-Ma la madre; como de su madre, Bel era su preferido; fue amantado hasta los 16 años; Ev-Ma cuando cariñosa, lo llamaba Bel-Set.

Perdida la manada de cabras que más tarde descubrirían los deleitosos efectos de la cafeína, Bel y Set buscaron y pernoctaron a descampado. Caminaron hasta Chin-Chin-Á, donde según Kai había montes y montes y más montes de cafeto silvestre. Buscaron cerezas de café, descuajaron y quemaron monte, pensaron en la madre mujer, en las noches y en los días con la madre mujer. Cinco años después de su partida, cansados, sin cabras, con las recuas de burros diezmadas iniciaron el regreso al nido de Ev-Ma.

En los años de ausencia de Bel, el favorito de la madre y de Set el guardián del lecho de los rugidos y los gemidos; Kai trató de arroparse sin éxito alguno, entre brazos y piernas de Ev-Ma, quien indiferente con él, pero ansiosa por Bel, cobijaba por rutina al padre Dan-Pa, el silencioso, el sin historia. Nacieron cinco mujeres bellas, perfectas, tres de ellas parecidas a la madre: Ev-La, Set-La, y Dan-La; una, la mayor, Bel-La idéntica a Set es decir a Bel, y otra, la última, Kai-La, idéntica a Dan-Pa.

Desde los ocho años de vida Bel-La, quemando monte, inhalando humo de hojas prohibidas desde el principio, se relacionó con los seres del cielo. Su preferido era Ang-El, quien no era más que la imagen de Bel, su verdadero padre, ya dibujada, pintada y narrada por Ev-Ma. Viciosa e indiferente con los hombres, construyó en la montañas donde las cabras en coros de manada repetían: beee beee…beeeel…Beel… Beeeeel, el primer cambuche para las ofrendas y la adoración de los seres de los cielos parecidos a Bel. Pastoreaba las cabras que llamaban a Bel, para escapar de los asedios de Kai. Nunca más vivió en el nido de Ev-Ma.

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