domingo, 15 de enero de 2006

Los osos de anteojos negros



LOS OSOS DE ANTEOJOS NEGROS

Por Tremarctos ornatus

El oso de anteojos no está en vía de extinción como se afirma en los informes científicos de los estudiosos de la etología; por el contrario, está allí, multiplicándose. Cada día se detectan nuevos individuos en los ambientes urbanos. Existen registros fotográficos y fílmicos de osos compartiendo con grupos humanos.

El oso fácilmente se instala en el entorno doméstico de los humanos sin que llegue a ser su mascota. Ninguno ha sido amansado, sigue siendo fiero, sus garras dejan marcas que duran más allá de toda vida; no hay tratamiento médico para ellas, son imborrables, quedan en las narraciones que hacen la verdadera historia. Los adolescentes le tienen pánico, ante su presencia entran en histeria, y los adultos mucho respeto.

Cuando el oso se acomoda en casa, lo hace para siempre. Esta presente en las reuniones familiares, de amigos y colegas, quienes por lo general le muestran simpatía, lo engordan, lo hacen crecer, lo lustran en su pelaje.

El oso aparece sin timidez en momentos inesperados. Con su llegada monopoliza la conversación, permite sentir el gozo y también la pena ajena. Se agiganta por repetición. Sus referencias hacen que los amigos de los amigos y parientes de los amigos quieran conocerlo; fácilmente se hace popular y adquiere reconocimiento general, a todos les gusta conocer el oso ajeno.

Se sabe que es predador, come prójimo. Mata lentamente. Deja a su presa en estado de conmiseración, con vergüenza propia, mirada esquiva y el permanente uso de anteojos negros.

El tamaño del oso se determina según la visión que tengan sus observadores; hay peluches, oseznos, osos adultos y osos enormes. Los peluches se llevan a toda parte, les encanta meter la pata, desafinar los comportamientos y respuestas esperadas, son infantiles, al fin y al cabo son animales de buena cuna. Un oso de peluche que gusta de las universidades es el del estudiante primíparo de idiomas que asiste por equivocación a una clase de vulcanología de VI semestre, y después de darse cuenta, sale de último para evitar que los demás noten su presencia. Este peluche se convierte en osezno cuando es el profesor el que se equivoca de salón, entra tarde, cierra la puerta y diserta sobre el Breviario de Podredumbre de Cioran a un grupo de estudiantes de topología.

Los osos adultos desencajan los comportamientos armónicos de los humanos bien educados, de los acostumbrados a cumplir con las pautas del debido proceder. Aún se recuerda en el aeropuerto de San Andrés Islas el oso de tres manizaleños (Ochoa, Sanint y Trujillo), corriendo por la pista de despegue detrás de un avión, gritándole al piloto para que se detenga, abra la puerta y les deje entrar para su regreso a Pereira. Fallido el intento, y después de un acompañamiento policial, el oso gozó de un enorme aplauso de los pasajeros en sala de espera.

Los osos enormes, los más temidos, surgen inesperadamente en cualquier tiempo y lugar, no tienen respeto por nada ni nadie, no son reconocidos por sus dueños, nadie los acoge como propios, pero allí están. «Yo no me acuerdo de esa cagada, hermano».

1 comentario:

Imarú Lameda Camacaro dijo...

????? Poco entendible la info en vez de aportar... desvirtua la info?

5comentarios!