viernes, 13 de enero de 2006

El ser y la palabra interior



EL SER Y LA PALABRA INTERIOR

Por NIUJIN

Uno de los problemas fundamentales del Paradigma Cultural de la Sociedad del Conocimiento, pareciera radicar en que para las actuales generaciones de niños y niñas en el mundo , no se trata tanto de “ estar en “ o “tener “ la RED únicamente sino ante todo la necesidad de perfilar EL SER de la RED.

La revolución en la información de tipo escrito y audiovisual generada actualmente por la era digital y la internet, que a simple vista parece haber traído el sueño enciclopédico a todas las áreas de la cultura humana, pone de manifiesto una realidad cuyos nuevos retos están asociados a una forma de estrés sensorial , agenciado por variables como la velocidad y la cantidad de información. En éste mundo virtual electrónico se ponen a prueba características esenciales de la espiritualidad humana como son el deleite, la contemplación y la capacidad intelectiva de la comprensión, las que en conjunto constituyen los mundos de sentido creados única y exclusivamente por la realidad subjetiva del lenguaje. Estamos nada más y nada menos en términos del mundo simbólico frente al reto de la velocidad electrónica y los diálogos de sentido. Algo así, como las consabidas imágenes de la ”paciencia de pulir un verso” o bien la ”natural osadía de la gota por labrar la roca gigantesca”.

Hoy , la inundación informativa de datos en las computadoras y de mensajes audiovisuales de los medios masivos de comunicación, pareciera que paradójicamente originaran una especie de atosigamiento del sentido y la comprensión. En tal caso podría afirmarse ahora que la cultura digital y mediática conduce de manera acelerada, a una especie de crisis de sentido en donde se corre el riesgo de dejar de ser, de dejar de percibir la realidad.

Puede pensarse ahora en una especie de versión sofisticada del MITO DE LA CAVERNA en donde ya no estaríamos de espaldas a la realidad, sino de manera ASOMBROSA de frente, pero en la red. Una especie de sombras electrónicas que nos ponen de igual forma en las sombras del sentido. Ahora se puede hacer manifiesta en esta realidad, la denuncia del etnólogo francés Levi Strauss cuando expresó en una de sus últimas entrevistas que “el mundo actual no sufre a causa de una falta sino de un exceso de comunicación” .

La situación descrita, puede entenderse como una inflación de datos, una especie de neurosis digital bancaria e informativa. Basta percatarse de que ahora los usuarios digitales, no lectores, tienen el mundo a sus dedos y a la vista en la pantalla. La otra situación patética por ejemplo, se da en aquellos centros académicos en donde profesores y estudiantes resuelven por internet cualquier trabajo informativo de consulta sobre cualquier tema pero importándoles muy poco el nivel comunicacional, deconstructivo y crítico. Esto podría ser una manifestación de la avaricia del sentido. Nadie puede resistirse a los encantos del prodigio de la velocidad y cantidad otorgados por los dispositivos tecnológicos de la computación y los medios masivos de comunicación.

Esta era de los prodigios tecnológicos en las comunicaciones ha colocado la rapidez para el HACER sin importar de igual forma el LLEGAR A SER. Al respecto, puede referirse el ensayo titulado “El Acto Creativo” de Manfred Max Neef, el cual en uno de sus apartes dice: “...Hay gente que sabe hacer poesía, hay otros que son poetas; hay gente que sabe hacer música, hay otros que son músicos, hay gente que hace ciencia y hay otros que son científicos...”.

El drama de la velocidad y la cantidad en la información está en que al parecer, el “hacer para la comprensión”, es contingente para las nuevas generaciones cada vez menos comprometidas con la “paciencia natural de la gota de agua que labra la roca” pero más ritualizados con la velocidad y cantidad en el hacer (la sociedad diseñada exclusivamente para el consumo no se puede dar el lujo de perder el tiempo, todo debe estar en términos de coeficientes e indicadores o razones entre variables). Para ser más gráficos, el drama contemporáneo consiste en que el estar bien y rápidamente informado no quiere decir que se logre mejor comunicación con el mundo y con el entorno inmediato. La comprensión parece ser un estorbo que hay que eliminar porque obstaculiza la velocidad.

Todo lo que importa con prontitud es el punto de partida y de llegada. Todo lo ocurrido y contextualizado en un antes y un después, es una lentitud, una perdedera de tiempo. LA VELOCIDAD no se percata del ser, de la palabra interior, de la vocación, de la paciencia y la contemplación.

La facultad estética, contemplativa del ser humano como ser que habita y es habitado por el mundo del lenguaje, no podrá apartarse de la aventura, de la posibilidad del descubrimiento, del asombro por lo bello y maravilloso. Esta facultad esencial y trascendente requiere el ritmo vital e irrepetible de “pulir un verso”.

Puede ahora pensarse que se esté asumiendo una actitud tecnófoba. Tal osadía no alcanza a vislumbrarse en estas notas. Muy por el contrario, se está llamando la atención para no caer en una especie de relación funcional con el sentido, casi prosaica, dicho de otra forma, las necesidades humanas de comunicación en plena era de la velocidad informática han aumentado. El lado amable consiste en disfrutar del mensaje en el mensaje mismo casi sin mediaciones. Ahora mismo estamos disfrutando en directo las imágenes del planeta Marte que envía la sonda Spirit. Pero el lado obscuro por decir lo menos, puede consistir en una especie de autismo mediático. Los niños ante la soledad afectiva, se amamantan a solas con la multitud de información y son felizmente cibernautas de una convivencia virtual.

El viejo refrán de que cada época tiene sus afanes, hace manifiesta la necesidad de una ecología de la información agenciada desde una pedagogía real y fáctica. No basta estar bien y abundantemente informado y conectado a la red, se requiere además tener los pies en el espacio físico y real para intercambiar materia y espíritu.

Hoy los Piratas del ciberespacio, pueden habitar el mundo virtual pero sus efectos son en el mundo real. Un mundo real que cada vez se torna más ajeno y extraño a los ojos de la gente de carne y hueso. Las flores naturales se pintan para semejarse al producto agenciado en la red. Pero tales flores virtuales ya son el parámetro para ver las flores de cualquier jardín o bosque en el mundo. Los actos de gobierno no se confirman en el impacto sociocultural de manera extensa, sino en la velocidad de una encuesta. DE ÉSTE MODO UNA CONCIENCIA VIRTUAL SE AVECINA. En poco tiempo, la conciencia real habrá que certificarla en la red y no en las relaciones sociales y culturales. En tal momento, un joven en el mundo creerá que la historia de la humanidad ha sido creada en la red por cibernautas mientras afuera en el mundo físico, en esa realidad de sentido, el último bastión de los uni y pluricelulares ha sido devastado por la guerra.

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