jueves, 12 de enero de 2006

Efemérides



EFEMERIDES

Por Atenagoras


En un día como hoy, del año 399 a. de c. fue detenido Sócrates el inventor de la Mayéutica. Lo acusaron de corromper a los muchachos atenienses. Dicen que puso en duda al propio Zeus. Al tonante le importó un pepino la duda del filosofo pero los sacerdotes pidieron el destierro. Hubiera sido un castigo peor que la muerte para Sócrates, quien declaró que prefería una tumba en Atenas que una isla en el Egeo.

Los argumentos de la acusación eran precarios. Solo algunos testimonios de ciudadanos que dijeron haberlo escuchado, o haber escuchado a alguien que lo escuchó. No hubo pruebas documentales. El astuto hijo del picapedrero de Älopeke nunca quiso poner sus palabras por escrito.

Sócrates era en realidad un hombre de pocas palabras. Es cierto que frecuentaba las bebetas que en Grecia llamaban Simposios, pero se limitaba a formular preguntas fastidiosas: ¿Qué es belleza? ¿Verdad? ¿Eternidad? Cosas de tragos. Así fue como ganó su fama de sabio entre el populacho y el encarcelamiento le trajo mayor popularidad.

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El juez ordena que lleven a su celda un cálamo y una tablilla encerada para que haga declaración por escrito. Bastaran 550 palabras. El cálamo tiembla en la mano del filósofo. Si las palabras habladas lo han llevado a la cárcel, las escritas lo pueden condenar al desprestigio que es peor.

Sus admiradores, que son tumulto en las afueras de la cárcel, le piden a gritos que escriba cien aforismos, diez mandamientos, un solo Mantra sería suficiente. Su antipática esposa Jantipa le exige que escriba una retractación. Sus enemigos los sofistas esperan que escriba cualquier cosa, para usarla en su contra. La única persona en Atenas que le pide abstenerse de escribir es su discípulo Platón, quien a pesar de ser abstemio, lo acompañó en todas las parrandas. Sócrates desconfía.

Imaginemos al cabezón hojeando el diccionario. Palabras como Abundancia por ejemplo, las encuentra escasas. Para nombrar la tontería se usa Estulticia que es una palabra ingeniosa y en cambio qué simple es la palabra Sal. Las palabras decisivas Si ó No, son monosílabos sin ton ni son y Monosílabo es una palabra muy larga para definir algo tan corto. Hay palabras monógamas, como enternecerse que se casan con una sola vocal. En cambio concupiscencia se las coge a todas. Al llegar la noche la tablilla estaba en blanco todavía.

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Al otro día, la tablilla en blanco, la copa de cicuta vacía, Sócrates muerto. El Atica consternada. ¿Qué pensaba en verdad ese ojibrotao que vagaba por las calles con su incómoda preguntadera? ¿Qué escandalosos secretos conocía, si prefirió morir antes que revelarlos? El populacho se agolpa en el Ágora pidiendo explicaciones. Convocado de urgencia, el Areópago esta en inútil deliberación cuando se presenta Platón. El discípulo, antiguo luchador de palestra, que en los Simposios no bebía pero era el único que tomaba apuntes, se ofreció a publicar un libro con las doctrinas del maestro para tranquilizar a la muchedumbre. El libro, como se sabe, ha sido un éxito.

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