miércoles, 11 de enero de 2006

Cabalístico


Cabalístico



Hoy he vivido varias sorpresas…
Me sorprendí creyendo en las cábalas, yo, tan racional, tan definido en creencias y ante todo en no creencias, tan frío en eso de agregar a mis angustias, otras, producto de invenciones de otros y de otras, así hayan sido otros y otras de los tiempos de los dioses del Nilo, o del Ganges y de cualquiera de las culturas húmedas.

Repasé siete veces tu mirada, tu gesto casi agresivo, cuando, lo reconozco, con una ligera idea de ti, pretendí cambiar tus costumbres y hacerte pasar por encima de años de seguridades, hábitos, familiaridades y caprichos.

No debí hacerlo, pero es tan fácil olvidarse del otro y creer que es apenas una proyección no mejorada del yo.
Después de siete años de vivir a tu lado, de compartir fríos, soledades, tardes de domingo pasando los canales en la tele; de salir a las calles y exhibir, fingiendo no hacerlo, tu cuerpo estilizado, tu espalda de curvas perfectas, tu rostro hermoso, tu mirada tierna pero desafiante, de atraer todas las miradas y sentirme orgulloso de poseer tu belleza, tan bella y enigmática, tu actitud de hoy es una mirada al no mirar.

Aún recuerdo como empezamos a amarnos: llegaste a mí como si nos lleváramos muchos años por distancia. Te acepté, aunque desde el principio supe que no tenías timideces y que además, tomarías cada espacio de mi vida, hasta hacerte imprescindible. Lo sabía, pero no era tiempo de resistir: ahí, frente a mí, estaba el ser al que creí, podría formar a mi antojo: eran tantos los años de vida que nos separaban, tanta mi experiencia, tanto mi mundo y tan evidentemente escasa tu experiencia, que todo podía ser contigo.

Pero eran mis creencias: poco a poco te diste a conocer y marcaste tus espacios, con tu modo particular de hacerlo. Yo simplemente miraba sin mucho ánimo para interponerme. Decidías cuándo tenías que salir, cuándo querías comer o simplemente cuándo recostabas tu cabeza sobre mí y disfrutabas con los ojos somnolientos, del ruido de la calle.

Con tu mirada de hoy, se ha roto la magia y hasta has tenido asomos de agresión: lo sé, te estás cansando de mí, ya no soy tu todo. Bueno, por fin tu lado oculto ha salido: te he humanizado todo el tiempo y sólo eres un perro, mi perro, pero un perro y tienes todo el derecho de portarte como tal. Ahora, toma tu hueso y juega, que nos quedan muchas noches de aullidos y de fríos en el patio.
Ladra siete veces si estás de acuerdo conmigo…

Carlos Ricardo

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Hermano, lindo texto. Mi reconocimiento por la complicidad y el empeño puesto en esta tarea.

Mario

Kinshala dijo...

el amor perruno va marcando uno a uno los laberintos de tu memoria...

Anónimo dijo...

Carlos Ricardo, con la lectura de tu texto resolví mi conflicto con pandora conocida ella como mi gata.

Felicitaciones, Mónica