jueves, 8 de diciembre de 2005

25 años de una muerte




Por Carlos Ricardo Escobar

Por los días de mi más tierna infancia, junto con algunas canciones algo arrabaleras, oía las baladas de los ídolos del momento. Recuerdo especialmente una que decía algo como “…era un bikini amarillo a lunares negros…”; no recuerdo la música y pasaron varios años para que supiera que era un bikini y muchos más para poder ver uno con relleno y todo. Mi madre decía que “esa” música, era la de los coca-colos, y que el twist, música de ritmo contagioso, era inadecuado para que lo bailaran las niñas. Mi prima recibió severísima reprimenda, por bailar twist en el día de su primera comunión…

Por esa época de mi debut en eso de las fiestas, los noviazgos furtivos, las miradas iguales y otras cosas también furtivas, la música empezó a aparecer por mi vida, con contradictorias fuentes: la de la escasa cultura melódica de mis padres, quienes poco hacían por ese bello arte: la discoteca familiar era un dechado de mezclas, con Humberto Marcato, de quien recuerdo el nombre y tal vez su canción “Arrivederci Roma”, pero también música del Maestro Lucho Bermúdez, de uno que otro charro mexicano y un disco de la “Nueva Ola” de 45 RPM (revoluciones por minuto, para los más recientes lectores, nada político…), que fue añadido a la compra de un Mercado por TV: tenía canciónes de otra italiana, Gigioola Cinqueti y de por supuesto, Raphael! (Todavía no tenía hepatitis C…) Ese era el más moderno armamento que yo poseía y lo ponía en la Radiola de tubos al vacío, a máximo volumen, para impresionar a las estudiantes de un colegio femenino que quedaba enseguida de mi casa: gasté mucha electricidad, pero no logré una sola mirada. En las fiestas de colegiales, aparecían las mas recientes producciones bailables y me tocó el debut de algunas que aún suenan: “Ya llegó el veinte de enero”, “La Pollera colorá”, “La banda borracha” y todas las propias de las calendas de las navidades y el año nuevo.

Pese a los reatos de conciencia, también escuchaba algo de Rock y hasta pensé, después de pensar en ser policía, bombero y que mi mamá se empeñara en volverme marino!, que podría ser cantante en una banda de Rock. El primer problema era dejarme crecer las patillas y el bigote, que obviamente no aparecían aún…

Luego, mi padre se enteró de mis pretensiones y sin miramientos destruyó el proyecto, junto con otros como el ser astronauta y diseñador de cohetes…

Y aparecieron los Beatles: John, George, Paul y Ringo. Su música era atractiva para todos, pero sus melenas se convirtieron en escándalo para muchos, incluidos mis más cercanos parientes. Esos “amanerados” (era una familia bogotana, muy decente y por eso no decía palabra soeces…), no podrían triunfar, eran un pésimo ejemplo para la juventud, etc, etc, etc.

Vino lo conocido por todos, los arrolladores triunfos, los reportajes, la música, el “Sargento Peeper”, “Yellow Subamarine” y tantas canciones que tarareábamos sin saber qué decía la letra. Pero no importaba. Los “melenudos” empezaron a aparecer por las calles de Bogotá, la 60 se volvió la sede de los hippies, se empezó a hablar de LSD, el inspirador opio de Boudelaire y Rimbaud, pasó a ser la temida heroína de los “viajes pesados”, se redescubrió la marihuana, los hongos y los 60’s emergieron con su carga de luces, colores, Woostock, Ancón, “Samba pa’ ti”y tantos y tantas.

Mi adolescencia la viví en los 70 y por ello, antes que el rock y toda su parafernalia, me até a la agitación política que recorría las huestes estudiantiles y populares. No había espacio para el rock y algunos de mis amigos que intentaron relacionarme con ese mundo en los conciertos de la Alianza Colombo-Francesa, tuvieron la misma suerte que quienes me llevaron a la Sede del Opus Dei: ninguna.

No fui por ello fanático del Rock: sentía afecto grande por los Beatles, pero confieso sin sonrojo que Yoko Ono no me generó gastritis, no la culpo de la disolución del Cuarteto de Liverpool y tampoco conservo viejos acetatatos del grupo.

Tal vez, el conocimiento posterior de la obra y ante todo de las acciones de John Lennon: su actitud ante la guerra de Viet Nam y otras atrocidades del Imperio, su cruzada por la Paz Mundial, su música comprometida y sus declaraciones, me han llevado a apreciar más ese Lennon.

Cuando Mark Chapman, hace 25 años, disparó sobre Lennon, nos privó de un artista, pero también de un hombre con profundo sentimiento político y de compromiso con el hombre.

Su canción “Imagine”, puede dar fe de esto.

Imagine

John Lennon

Imagine there's no heaven
It's easy if you try
No hell below us
Above us only sky
Imagine all the people
Living for today...

Imagine there's no countries
It isn't hard to do
Nothing to kill or die for
And no religion too
Imagine all the people
Living life in peace...

You may say I'm a dreamer
But I'm not the only one
I hope someday you'll join us
And the world will be as one

Imagine no possessions
I wonder if you can
No need for greed or hunger
A brotherhood of man
Imagine all the people
Sharing all the world...

You may say I'm a dreamer
But I'm not the only one
I hope someday you'll join us
And the world will be as one.


Imagine

John Lennon (Versión de Juan Guillermo Berdugo del Grupo “Suramérica”)


Quisiera imaginar un mundo

donde no existiera un infierno

sobre nosotros sólo el firmamento

donde no hubiera más que el cielo

imaginar toda la gente viviendo un sueño en común

imaginar que no hay fronteras

para todos un sólo suelo

que no hay razón para matar, para morir

imaginar toda la gente viviendo por fin en paz

Puedes decir que es sólo un sueño

No soy el único que creo

Quisiera imaginarte libre

Sin más cadenas, sin apegos

No más hambre, no más miseria

Y que tu hermano sea tu ajeno

Quisiera imaginar a todos

Viviendo por fin en paz

Puedes decir que es sólo un sueño

No soy el único que creo

Une tu voz a éste deseo

De un mundo vivo

De un mundo nuevo

3 comentarios:

Anónimo dijo...

En la hermosa nostalgia de este texto, se compromete la imágen de los tiempos del cabello, no del cabello largo, sino del cabello mismo.

Anónimo dijo...

Lo mejor de un retrovisor es que te hace ver por dentro. Tu escrito nos lleva a los anteriores y a tus contemporaneos a cosas bellas que por vivir pasamos por alto; a los nuevos a que cuenten su historia urbana a tiempo.
Que bueno saber que tienes al Grupo Suramérica. «El yo también lo tengo» es otro lazo de amistad.
Felcitaciones.

Anónimo dijo...

Acerca de los Beatles en el mundo y específicamente en américa latina,se puiede decir que es una apertura generacional que siempre marcará una poesía del otro mundo, el soñado a través del arte que sobrevive a la pátina del tiempo. Carlos Ricardo, relata un momento de nuestras vidas adolescentes en donde el espejo comenzaba a reflejarnos gustos y retos definitivos.