lunes, 10 de octubre de 2005

Yo soy el cantante


Por: Óscar Arias Londoño

‘El retiro no es una ausencia,

sino mas bien la búsqueda

de una presencia verdadera”

Georges Gusdorf

Definitivamente a uno deberían recordarlo por todo aquello con lo que se haya reído, en lugar de solemnizar sobre aquellas cosas que, a juicio de otros, haya hecho en serio. Intentarlo resultaría en una búsqueda hasta aburrida, porque la generosidad de los amigos podría terminar otorgando atributos donde tal vez no los hubo y, donde los hubo, no creo que hayan surgido precisamente de tomarse la vida muy en serio. Podemos reconocer que las cosas mas serias surgen de la capacidad para reírnos…y de reírnos hasta de nosotros mismos.

Si acordáramos entre todos reunir las imágenes de aquello que cada uno cree que representa al ‘Perro’, tendríamos que hablar de él como el padre, el hermano, el hijo, el amigo, el pedagogo, el estudiante, el investigador, el amigo de Zitarrosa, el incansable de la literatura, el estudioso, el del teatro, el bohemio y el borracho, el de la lealtad, el inspirador de confianza, el de la ternura, el de la solidaridad, el de la escucha, el de los argumentos, el de Aranzazu, el de Manizales, el de Nueva York, el comerciante, el mecánico, el comentarista de fútbol, el experto en preparar cócteles, el observador…etc.…etc.…el de la risa espasmódica y el cantante, ¡sí, óigase bien: el cantante!

No se cuantos tuvieron la oportunidad de escucharlo, pero para quienes no lo sabían les cuento. El descubrimiento se dio una madrugada de hace como diez años en Villa Carmenza. Mario y Socorro estaban en desamores. Luego de haber intentado infructuosamente que en aquella ocasión ellos se unieran a nosotros –Perro, Gloria, Martha y yo- para disfrutar de una sobredosis de cócteles que estaba preparando ‘El Perro’, tuvimos la idea de contratar unos músicos en la Bahía, pero ese día vimos como había cambiado la vida nocturna en Manizales ¡increíble, era sábado y nos quedamos con las ganas de llevarles una serenata para provocarlos hacia la reconciliación!

Estábamos empecinados en que eso había que enderezarlo, al fin y al cabo llevábamos muchas jornadas compartiendo juntos y ese día no iba a ser distinto. Decidimos, entonces, que nosotros mismos íbamos a darles la serenata. Ensayamos los cuatro, nos armamos de un tambor y maracas de juguete, llegamos hasta la puerta y empezamos a cantar “Los aretes que le faltan a la luna, los tengo guardados para hacerte un collar, los hallé una mañana en la bruma, mientras caminaba por el inmenso mar…”. Sin haber terminado, Mario bajo, abrió la puerta y nos entró casi a empujones y nos pusimos a beber; parecía como si aquella noche de lobos que se anunciaba, hubiera espantado el miedo que usualmente causa, para darle lugar a la tarea de conservar la respetabilidad del vecindario.

De ahí en adelante, cada remate de rumba -que regularmente se daba en la casa de Doña Aura hasta el amanecer- tenía como protagonista la voz del “Perro” que cantaba: “Perdón vida de mi vida, perdón si es que te ha faltado, perdón ángel adorado, cariñito amado, dame tu perdón…perdón…”. Se trata de una canción que memorablemente también interpretaron a dúo el cubano Benny Moré y el mexicano Pedro Vargas. Llegamos a preocuparnos por lo que considerábamos el inevitable levantamiento de la tumba de estos íconos del bolero. La verdad más que miedo de los muertos, era un miedo a la vergüenza, ¿se imaginan, tener que presentarles disculpas a estos dos señores? Debió ser que los enterraron muy lejos, o profundo, o estaban entregados al filin.

Desde aquellos días, cuando en los medios se publicitaban los conciertos de “Los Tres Tenores” y se vivía una especial oleada del “bell canto”, no quedó otro camino que acompañar al “Perro” hacia la inmortalidad otorgándole el mérito de ser el mejor exponente del “defecanto”. Fue una creación colectiva.

Pero…perrito…Albeiro…beirito…hermano, vives entre nosotros.

Un beso,

Óscar, Martha, Pablo, Paulina, Aura, Diana y Sebastián

2 comentarios:

Anónimo dijo...

El DEFECANTO es quizá uno de los géneros de menor duración en la historia, pero el de mayor recordación entre el vecindario.

Rodrigo dijo...

Y acaso no tienen una foto del «perrito»? Yo quiero conocerlo de vivo para saberlo muerto, si es que ustedes sus amigos lo dejan.
Me gusta tu escrito.