lunes, 31 de octubre de 2005

CONVERSACIÓN CON EL GORDO ALZATE (Versión no autorizada)


Por: Mario Hernán López

El sábado pasado nos encontramos el Gordo Alzate y yo en la cafetería la Suiza, cerca al cable en Manizales. El gordo pidió un tinto oscuro mientras yo tomaba un jugo de mandarina en agua. Con el gordo la conversación llega fácilmente a los territorios de la complicidad, sabe escuchar y contra argumenta en el momento oportuno; maneja el ritmo y emplea las palabras adecuadas para mantener el interés del interlocutor; al mismo tiempo provoca la necesidad de generar respuestas con alguna agudeza. Es un placer hablar con él.

Conversamos casi todo el tiempo de lalocadelacasa, de su probable sentido contracultural, de la manera en que ha venido tejiendo temas y juntando personas de diversa procedencia. Repasamos algunos textos recientes: Nos reímos al imaginar la cara de Carlos Ricardo en el momento de llamar la atención de J.M Serrat (Nanoooo!) en aquel concierto memorable para él; rajamos de las respuestas viscerales de Blanca Durán a las elucubraciones de Alfredo; resumimos temas, hablamos del Loco Jiménez, examinamos los últimos textos de Rodrigo Restrepo y repasamos la lista. Con grandilocuencia definimos a lalocadelacasa como una experiencia escritural colectiva.

Con el Gordo Alzate, compartimos lo que en el lenguaje de los directorios políticos se acostumbra llamar una misma perspectiva política (las conversaciones de directorio inician por el uso manido de la palabra “incluyente”; continúan por “usted es el hombre”, y terminan en “Jorge no es elegible”); poseemos un punto de vista similar sobre los acontecimientos locales y nacionales; puede decirse que compartimos una preocupación común sobre el estado de la situación.

Lo que sostiene la buena conversación con el Gordo Alzate es su carácter episódico; no es usual encontrarnos a pesar de transitar caminos similares – físicos y simbólicos-. Desde hace diez años nos conocimos en Opción Colombia y por varios años andaregueamos medio país hablando de todas las cosas. El espacio de tiempo entre una conversación y otra lo llena una experiencia que desea ser contada, una pequeña idea que forcejea para salir o un hallazgo que necesita ser comunicado. Este sábado, cuando hablamos de los múltiples sentidos de lalocadelacasa, el Gordo y yo coincidimos en calificarla como un lugar para darle rienda suelta a la complicidad, sin solemnidades que ahoguen la imaginación; un lugar para la ironía, pero sin cargas demasiado pesadas en las respuestas. La loca de la casa es una forma de conversar, concluimos.

- No me gustó el café de la Suiza -. Dijo cuando salimos del local, en medio de la lluvia.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Ayer en el Seminario Temático de Familia tuvimos la posibilidad Mario y yo de un nuevo encuentro. Lo mejor y más curioso es que en medio de la conversación que teníamos y antes de el salir a la escena, le comente sobre la necesidad de recomenzar un debate sobre el "Estado de Bienestar", pues sentía que lo que hemos visto en los diferentes países latinoamericanos fue apenas un intento timido, y que valdría la pena palabriarlo un ratico más. En vista de mi comentario Mario me dijo, pero relájate Jorge que si seguis hablando me pondrás en aprietos en mi comentario a la ponencia en el Seminario. Justo cuando Mario hizo la presentación de sus comentarios, yo me hice en primera fila y cada que el decía la frase "Estado de Bienestar" no tenía otro camino que la sonrisa de complicidad. Son esas las bellas complicidades que cada día salen a flote entre estos locos de esta casa.

Anónimo dijo...

"sin solemnidades que ahoguen la imaginación" Esa es la vaina, y como escriben estos amigos en el blog... ni que fueran académicos. German

Anónimo dijo...

A propósito de "compartir puntos de vista sobre el estado de la situación", vale la pena que conversaramos sobre el estado de cosas en que se encuentra el ambiento local a propósito de la campaña electoral que inicia, de tal manera que esos "encuentros" y "desencuentros" sigan haciendo posible creer que nos merecemos y podemos construir un país donde todos y todas tenemos lugares comunes.

Sandra Franco