jueves, 27 de octubre de 2005

Comunitarismo y solidaridad




COMUNITARISMO Y SOLIDARIDAD:
FUNDAMENTOS DEL ESTADO COMUNITARIO


Alfredo Sarmiento Narváez

Director de DANSOCIAL

alfredo.sarmiento@dansocial.gov.co

alfredosarmiento@hotmail.com
Avanzar en el desarrollo de una persona y una sociedad comunitaria, así como en el propósito de crear un Estado Comunitario, pasa por la necesaria reflexión sobre el significado del comunitarismo como escuela social y política, que para los tiempos que corren, tiene presencia e impacto en el contexto anglosajón e iberoamericano.

El comunitarismo recoge el entusiasmo de personas de diverso origen, edad y experiencias religiosas. Amitai Etzioni, quien supera los setenta años de edad, alemán de nacimiento, norteamericano y judío de confesión, comparte sus simpatías comunitaristas con José Pérez Adán, español, católico miembro del Opus Dei, quien bordea los cincuenta años de edad, y con Pablo Guerra, uruguayo, católico que coincide con muchas tesis y aportes de la teologia de la liberación. Quien estas líneas escribe, comparte las tesis centrales del comunitarismo representado por los tres autores anteriores, y lo hace en su condición y opción de colombiano, con una visión secular y laica del mundo, aproximándose ya a los cuarenta años.

El comunitarismo como lo sugiere Etzioni en su texto La Nueva regla de Oro “…pasa por encima de la vieja discusión entre pensamientos de izquierda o de derecha y sugiere una tercera filosofia social. La razón básica que hace indispensable este reordenamiento es que el mapa izquierda-derecha se centra en el papel del gobierno en contraposición con el sector privado y en la autoridad del Estado en contraposición con el individuo”. El eje de reflexión para el comunitarismo, más allá del dualismo Izquierda-Derecha, es la relación entre la persona y la comunidad, las necesarias autonomías y libertades para la persona en un proyecto democrático y el necesario orden para que la comunidad logre formas de justicia integral.

El comunitarismo no esta en contra del conservadurismo, del liberalismo y del socialismo; se presenta como una propuesta diferente a cada una de esas escuelas, por la vía de retomar crítica y de forma propositiva los conceptos fundamentales que son propios a cada una de ellas.

Así, el comunitarismo reconoce principios tan importantes a la tradición conservadora como el orden y la autoridad. Afirma con claridad que el orden ha de ser entendido desde una perspectiva dinámica, no quietista, y ha de ser objeto de construcción social y no como un acto revelado por una persona o grupo parcial de una comunidad. El binomio La autoridad - obediencia para el comunitarismo, son necesarios en cualquier comunidad pero nunca hay que dejarlo confundir con el binomio poder - servilismo.

Del liberalismo, el comunitarismo rescata la valoración que aquel hace por los principios de autonomía y libertad. El comunitarismo afirma la necesidad de que cada sujeto social que legítimamente invoque estos principios los ejerzan en el horizonte de la responsabilidad social. Ni libertinaje ni autonomía irresponsable caben dentro de una perspectiva comunitarista, la cual reconoce la autonomía y la libertad, de la persona y de los diversos estamentos de la sociedad civil, como principios intrínsecos a un proyecto democrático.

Con el socialismo el comunitarismo comparte su interés por la justicia social pero lo hace reivindicando la digna diversidad y no dentro de lógicas que colinden o apuesten por modelos colectivistas de vocación igualitarista. La digna distribución de riqueza económica, poder político, poder cultural son propias de una visión comunitarista.

El comunitarismo supera la visión dualista privado vs público y reconoce la necesaria concurrencia de estos dos sectores, con sus respectivas lógicas económicas y formas jurídicas en la gestión del bien común. Reconoce además de manera explícita como otro protagonista en la gestión del bien común, a esas formas de emprendimiento solidario propias del tercer sector, de la economia social y solidaria, en Colombia representadas por cooperativas, fondos de empelados, voluntariados, acciones comunales, cajas de compensación, fundaciones y corporaciones sin ánimo de lucro y asociaciones mutuales. En la perspectiva comunitarista, el mercado, el estado y los emprendimientos solidarios han de contribuir en la generación de riqueza económica, en su justa distribución y en el desarrollo de capital social de toda comunidad.

El comunitarismo afirma la necesidad de entender la democracia no solo como un procedimiento sino también como la construcción cotidiana de actitudes y hábitos que nos permitan hacer tramite creativo de la diversidad, de la complejidad de intereses y conflictos que transitan por la trama social de las comunidades contemporáneas.

Las manifestaciones tanto representativas como participativas de la democracia son necesarias en una visión comunitarista. La apelación a la representatividad por la vía de partidos políticos contribuye a tramitar los diversos intereses que confluyen en un tiempo y espacio comunitario y el comunitarismo reconoce la importancia de los partidos como tejedores de voluntades colectivas y canalizador de liderazgos personales. Como afirmó Norberto Bobbio, la democracia contemporánea necesita precisar no solo cuantos apelan a ella por las vías procedimentales del voto, sino también necesita ampliar los espacios en donde ella se realiza, razón por la cual la dimensión participativa de la democracia también concita el interés del comunitarismo, para llevar sus manifestaciones actitudinales, culturales y procedimentales a la escuela, al barrio, a la empresa entre otras instancias de desarrollo social y político.

Desde el comunitarismo se puede revisar de manera crítica las prácticas propias de los regimenes presidencialistas y modelos centralizados de la gestión territorial. Por ser una escuela política que cree en la necesaria distribución de ese bien social que es el poder político del que habló Michael Walzer, se podría afirmar que el comunitarismo acogería con entusiasmo todo avance institucional en la vida política de un país, que contribuya a lograr los rasgos de un modelo régimen parlamentario y la profundización de una mayor autonomía en la gestión territorial.

El comunitarismo tiene un fundamento antropológico, la persona, que supera la visión individualista de estirpe liberal privatista y también trasciende aquella visión que reduce al ser humano a ser solo un ciudadano preocupado por la construcción de lo público estatal. La persona integra sus dimensiones privadas y públicas y busca aumentar la coherencia comportamental entre estas dos esferas de la vida cotidiana entendiendo que desde cada una de ellas se puede construir o destruir el bien común. La noción de persona y la escuela de pensamiento que la promueve encuentra en las escuelas del personalismo comunitario de Emanuel Mounier, católico francés que vivió en la primera mitad del siglo XX y del judío Martin Buber autor de YO-TU sus mejores fuentes filosóficas.

El Comunitarismo apela a la solidaridad como el liberalismo lo hace con la libertad, el socialismo con la igualdad y el conservadurismo con el orden. En la perspectiva comunitarista, la solidaridad no es un deber que se cumpla a regañadientes o por obligación, con un cierto sentimiento de culpa y renunciando a los propios intereses en aras de los intereses de los demás. En la perspectiva comunitarista, la solidaridad, y el acto de solidarizarse, se lee como un derecho que tiene toda persona u organización, el cual se puede ejercer de manera autónoma y gozosa, satisfaciendo los intereses propios y de los otros, llegando a ella por persuasión y seducción. Ejercer el derecho a solidarizarse es participar activamente en la gestión del bien común, y puede ser un derecho invocado por el sector público, privado y el tercer sector, en tanto que se ejerza de manera socialmente competente, socialmente responsable.

Si el liberalismo como escuela de pensamiento político hizo las aportaciones necesarias para construir un modelo de estado de derecho y el socialismo propició la construcción de un modelo social benefactor de estado, es apenas legítimo que el comunitarismo, amén de reivindicar una nueva figura antropológica como es la persona para la construcción de lo político, proponga una visión de sociedad civil como el espacio de la autonomía democrática y responsable y la construcción de un modelo de Estado Comunitario, que no caiga en las veleidades del neoliberalismo ni del burocratismo. El comunitarismo, con su antropología y visión de sociedad y Estado es una invitación a la creatividad social y política y la creación de aquello que aún no se ve ( Colombia no es una sociedad comunitarista y no ha alcanzado el desarrollo de un Estado Comunitario aunque tenga potencial para ello) es la más comprometida manifestación de fe en una idea, en una visión, en un legítimo anhelo.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Bellas palabras

Rodrigo dijo...

De nuevo lo lograste. Ni una sola mención, ni siquiera a su política de gobierno

Anónimo dijo...

Resulta interesante una utopía comunitarista, pero quedan preguntas como las siguientes: ¿Es un contrasentido el estado Comunitario?, ¿ emerge de la símple voluntad de los idividuos?¿ sería un acto de desprendimiento del poder y la codicia?

Mario

Anónimo dijo...

Los enunciados holistas de la propuesta que elabora Alfredo suenan bien, parecen deseables, reconcilian divergencias y evocan la sensación de un estado fuerte que lograría la construcción de una nación en paz. No me parece en modo alguno reprochable la propuesta, sin embargo cabe la elaboración individual al respecto, no es menos la razón de La Loca de la Casa. A todo lo anterior lo podemos resumir como la estética de la idea política que se presenta. Sin duda es bella y se acoge con entusiasmo, al menos al principio.

Ahora bien, considerándola con detenimiento me impresiona la noción de colectividad que crearía de algún modo un marco de solidaridad. En mi sentir, es un aspecto sustancial y critico de la sociedad colombiana, especialmente, en el marco del presente conflicto. Este punto pareciera carecer de relevancia hasta cuando uno lo vive desde otras latitudes. Es formidable la sensación de pertenencia y arraigo, se percibe la fortaleza que otorga a una sociedad primer mundista en su conjunto, semejante fenómeno de aglomeración de subjetividades en torno a un ánimo común. De otro lado, no menos atractiva resulta la posibilidad de un régimen parlamentario que con todas sus virtudes y falencias podría ser un paso adelante en la evolución política del país.

Creo si, que se requiere mas precisión en la formula, convendría enunciar un propósito, deseable por la mayoría, haciendo claridad en expresiones como “justa distribución” o “creatividad social” que chocan con “Ni libertinaje ni autonomía irresponsable”. Aquella, la creatividad, a la luz de la Teoría de Caos parece existe solo dentro de un marco de amplia tolerancia y flexibilidad ante la espontaneidad individual (expresiones que no existen en el documento), tan deseables para atajar el aterrador mar de sangre que padece Colombia.

Germán.