jueves, 6 de octubre de 2005

Albeiro


Albeiro

Supe de Albeiro a través de un relato que Mario me envió hace algunos años, acerca del regreso de un amigo a Manizales; era el personaje del relato, el amigo, el brujo, el chamán, el compadre y siempre el cómplice. Me cautivó desde esa primera vez.

Pocos años después Bogotá me recibió, ante la invitación de Alfredo de pasar unos días por allá. Ese viaje fue distinto.

No recuerdo con exactitud las fechas, pero aún era invierno en Lima y Bogotá también estaba fría. Le había comentado alguna vez a Mario que una de las partes de la ciudad que más me gusta es La Candelaria y en ese viaje pude estacionarme ahí, en medio de un recinto precioso que era el departamento de Alfredo por esos años.

Creo que al día siguiente o a los dos días, llegó la invasión: Albeiro, Mario y Camilo.

Nos arreglamos en ese pequeño departamento para pasar horas loreando, como decimos en Lima, tomando ron (ellos) y cerveza (yo). Dormíamos poco recuerdo, nos levantábamos temprano y salíamos a comernos la ciudad (aunque no lo crean Alfredo ya trabajaba). Camilo, Mario, Albeiro y yo, recorríamos la ciudad entre silencios, risas, comentarios, apreciaciones, inventando historias, reinventando también (cuántas mentiras históricas me habrán contado ese trío).

Me causó muchísima gracia una noche que fuimos a casa de una amiga de Alfredo para ver el partido de eliminatorias para el Mundial pasado, jugaban Colombia con Argentina; ese partido lo ganó Argentina y Albeiro y yo salíamos corriendo al patio de la casa a celebrar los goles so pretexto de fumar un cigarro (para guardar los modales en una casa colombiana claro está). Obviamente, yo hinchaba por Argentina porque Colombia era rival directo de Perú y Albeiro porque… es un hombre de realidades.

Mientras Mario rumiaba al regreso, Alfredo estaba como si nada (habrás aprendido algo de fútbol?), Albeiro y yo nos mirábamos cómplices, él por la confirmación de su vaticinio y yo porque sucedió lo que deseaba.

Compartimos muchos temas y anécdotas, la música (tu cara Albeiro cuando te conté lo de Zitarrosa…), algunas lecturas (como nos reíamos de nuestras interpretaciones de Cioran), la política (agárrate Alf que el Perro puede volver a ladrar), la amistad (el hermano mayor que escogiste Marito), en fin, temas en los cuales nos sentíamos identificados.

Compartí poco tiempo, pero lo disfruté, la calidad de ese tiempo fue tan buena para mí que mi memoria selectiva ha escogido ocupar un gran espacio con las conversaciones y vivencias junto a Albeiro. Alguna vez se lo dije a Mario, lo mejor que me ha dado en estos años de amistad, ha sido compartir con el Perro.

Recordar a Albeiro es un placer, tengo su risa, su ironía inteligente, su inmensa ternura, su complicidad, su calidad humana… Nuevamente escucharé por algún auricular: “Hermana, cómo andas?”… confidencias, análisis, vida, Mario, Alfredo, Daniel, Camilo, etc…; si algo me jode, es que no te tengo para caminar juntos por Lima como tantas veces imaginamos.

Y como siempre te dije, te quiero en azul de eternidad.

Titi

1 comentario:

Anónimo dijo...

Esa noche vimos el partido en la casa de Blanca Durán. Me preguntaste que si en colombia había un jugador como el Chorrillano, y Albeiro y yo te mentimos diciendo que no.