lunes, 5 de septiembre de 2005

Recogiendo despojos culturales

ARGUMENTOS PARA REFRENDAR EL FESTIVAL DE TEATRO


Por:
Mario Hernán López.


En medio de fuertes debates ideológicos, estéticos y organizativos entre los grupos de teatro en Colombia, el festival Latinoamericano de Teatro de Manizales inició su segunda época en 1984; una especie de línea política dividía el trabajo teatral convirtiéndolo en terreno de disputas. En su reinicio, el festival resultó atrapado entre los desarrollos del nuevo teatro colombiano y las deliberaciones sobre la estética, la ideología y el sentido de la gestión cultural.

Desde ese momento - y a pesar de las diferencias que han centrado la atención de los críticos - el festival ha jugado un papel que se extiende mas allá de la exposición anual de productos culturales: al mismo tiempo que se realizaba el primer festival de la segunda época, los grupos de teatro de Manizales afiliados a la Corporación Colombiana de Teatro trabajaban - con el apoyo del SENA - en algunas comunidades populares de la ciudad tanto en la elaboración de proyectos socioculturales como en la organización de grupos de jóvenes alrededor de iniciativas artísticas. Sin ser advertido por los medios de comunicación, el acontecimiento teatral ocurría simultáneamente en las grandes salas y en las casas de las juntas de acción comunal.

Como una manera de ilustrar el influjo en Manizales de las disputas iniciales, vale la pena recordar que quienes trabajaban en la organización de los grupos en los barrios realizaban, al mismo tiempo, las tareas de logística en el festival de teatro. En medio de las críticas hechas desde los púlpitos y de los forcejeos centralistas de algunas organizaciones culturales, el festival estimulaba, sin saberlo, la organización de grupos en sectores populares, alimentaba la creación de un público y se convertía en el más importante vehículo para aproximar los jóvenes a las culturas.

Veinte años después, es difícil separar al festival de teatro de las historias de los universitarios, de los imaginarios y procesos culturales, y de las motivaciones que llevaron a crear en algunas universidades locales programas como los de diseño visual y comunicaciones. La historia de un sitio emblemático como el galpón de bellas artes debe ser contada en profunda intimidad con los sucesos del festival.

Junto con el festival de Jazz, el Museo de Arte de Caldas, las realizaciones de músicos y escritores, y las tareas casi anónimas de las pocas organizaciones culturales, el festival debe ser reconocido como un factor de perturbación en la monotonía que acompaña la cotidianidad creadora de la ciudad.


PLEBISCITO PARA UNA NUEVA ÉPOCA

Como sucede con otros grandes temas en el país, el estímulo a la creación, en sus diferentes momentos, está por fuera de la agenda real en la gestión: Sobre la escena están ahora las prioridades políticas en la asignación y destinación de presupuestos, los cambios en el papel del estado, una visión determinante del desarrollo centrada en la infraestructura física y las limitaciones para comprender el papel de las políticas públicas culturales.

Imaginar una nueva época del Festival Latinoamericano de Teatro, implica tejer de nuevo con las organizaciones sociales, llenar todos los días de juglares los lugares grises de la ciudad y, de alguna manera, escribirles un nuevo guión a los actores distantes de los asuntos públicos.

En 1985 en Manizales se realizó un plebiscito que ahora es necesario refrendar: “Para que año tras año siga llegando a Manizales parte de lo mejor de la expresión teatral; para que el teatro siga llegando hasta nosotros y sigamos teniendo la oportunidad de emocionarnos, impresionarnos y exaltarnos con las actividades teatrales que, por fortuna, convergen en nuestro espacio y en nuestro tiempo cada año (…)”

Dejar morir el festival sería romper una de las pocas conexiones de Manizales con el mundo, lo que, paradójicamente, desvela a quienes están empeñados en ampliar solamente la venta de mercancías.

1 comentario:

Rodrigo dijo...

Cuando desaparece el teatro callejerro, solo queda la empresa de espectáculos y la exhibición de pavos que se creen dueños de la cultura.