viernes, 23 de septiembre de 2005


A PROPÓSITO DE CUENTOS

Por:

Mónica Sofía Cortés.

Al final de la tarde, después de conocer el Centro de Documentación de la Asociación Afecto contra el maltrato infantil, nos fuimos caminando hasta la carrera 13 con 57, Guillermo y yo, hablamos de la magia que envuelve aquellos sitios y personas guardianes de los libros, la historia y la memoria, de nuestro profundo amor por el quehacer de la comunicación. Le hablé de uno de mis sueños de hace mucho tiempo: una librería para niños y niñas, un refugio para contar cuentos, para recrear voces, para inventar personajes, para imaginar historias. Cuando llegamos a la esquina, nos despedimos, y cada uno tomó su autobús.

De pronto una voz enérgica, sin permiso alguno, irrumpe al interior del autobús “Buenas noches”. Ningún pasajero contesta, -a esa hora cada quien suele ir abstraído en los afanes propios de su vida- , “San Francisco de Asís, decía: cuando uno saluda, entrega un pedacito de su alma y su corazón”, afirma aquella voz empeñada en robar una sonrisa, repite de nuevo: “Buenas noches”. Con cierta timidez contestan los transeúntes: “Buenas noches”. Y prosigue aquella voz… la de un joven, moreno, fortachón, de rizos muy rizos y muy caribeño… “soy un contador de cuentos, que quieren escuchar: Un Jardinero de Estrellas o Pies Descalzos”. Ante el silencio del público, dice este juglar extraterrestre, como si estuviera frente a un tumulto de fans: “No todos, de a uno”. Finalmente un par de personas se atreven a elegir por todos -típico de nuestra cultura ciudadana-: “Pies Descalzos”… “Advierto, no es de Shakira, es de Gabriel García Márquez”. -Aunque después de escucharlo, estoy segura que no es de Gabriel García Márquez sino de David Sánchez Juliao, claro con algunas adecuaciones-:

“Había una vez un niño que fue a ponerse sus zapatos y OH! sorpresa, al no encontrarlos, salió de su alcoba corriendo a contarle a sus papás lo sucedido, pero a papá, mamá y hermanos les había ocurrido lo mismo, por ningún lado estaban los zapatos. Salieron a preguntar a los vecinos, qué habría pasado y todo el vecindario estaba sin zapatos. En la Tienda de Don Antonio se rumoraba que todo el barrio estaba sin zapatos. Luego llegó el chismoso del pueblo diciendo que nadie en Bogotá tenía zapatos, más tarde en la Tele confirmaron la noticia: Todos los zapatos se encontraban en el parque nacional haciendo una huelga porque estaban cansados que la gente los tratara a las patadas y querían darle una lección a los hombres para que aprendieran a poner los pies en la tierra”.

Al calor de los aplausos, paso nuestro amigo el cuentero recogiendo su recompensa al show: “Muchas gracias a los amigos que apoyan el arte -y para el caso la valentía-, esta platica que estoy recogiendo no es para mí, es para mandar a Estados Unidos y ayudarle a Bush y a los damnificados del Rita y el Katrina”. Jua… jua… jua…

Momentos después bajé en mi estación, entré al supermercado, compré un cigarrillo y camino a casa mientras fumaba, brillaba en el cielo la luna y dos estrellas, tal vez en una de ellas, se encuentra sentado el amigo de mis amigos en Manizales, Albeiro, al que cariñosamente llaman el Perro Flaco.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Bienvenida Mónica Sofía. Nos hacía falta una contribución desde las entrañas de Bogotá.

Anónimo dijo...

Lindo escrito

Anónimo dijo...

Buena esa!

Anónimo dijo...

Moniquilla, qué bello,

una muestra más de tu enorme sensibilidad y creatividad.