sábado, 3 de septiembre de 2005

Lascivia ciudadana

ANTE LA IZQUIERDA Y LA DERECHA

Mario Hernán López B.

Una pequeña oscilación en el péndulo de la política internacional, parece anunciar que los valores de la izquierda democrática se alistan de nuevo para reemplazar el enorme esfuerzo de la derecha por empujar el crecimiento económico mediante estímulos a la inversión privada, la liberalización de mercados, la flexibilización laboral y la transformación del papel del Estado, entre otros y muy variados asuntos.

El retorno del PSOE al gobierno español, la posición del Brasil en las negociaciones de la OMC y el ALCA, la eventual creación de un mercado alternativo entre Venezuela, Ecuador y Brasil; las marchas por las calles de Caracas, el foro social mundial de Mumbay, la publicación del documento Andes 2020 con un diseño de política alternativa para América Latina por parte del congreso de los EEUU, los temores de Tony Blair...

Desde luego que existen múltiples formas de aproximación a lo que puede significar, hoy en día, una definición política en términos de derecha o izquierda; es usual encontrar en las discusiones a quienes defienden la inexistencia actual de estas posiciones, y también a quienes las reivindican estableciendo claras diferencias en asuntos tan complejos como la igualdad y la libertad. Es cierto que esos valores políticos también se nutren de las culturas, de ahí la importancia de volver en forma permanente sobre ellos para esclarecerlos y validarlos.

No resulta fácil plantear en Colombia criterios que permitan diferenciar las posiciones de derecha e izquierda, sin que ello pueda derivar en una aparente vinculación con los intereses de los actores armados. De ahí la necesidad de recurrir a precisiones como izquierda democrática o derecha democrática, apenas necesarias para mantener la salud física en medio de la enfermedad que padece la democracia.

Si se atiende a los planteamientos de Norberto Bobbio (1995), con respecto a las opciones políticas, es probable que las alternativas más sugerentes se encuentren en la acción política moderada; esta postura es central para el caso colombiano - si en realidad se trata de deshacerse de la pesada carga de muerte en los extremos - y, en especial, si se quiere de verdad permitir que emerjan formas más sensatas de actuación política en las cuales se reconozca la complejidad estructural en las fuentes de todas las desigualdades, así como la necesaria actuación conjunta y solidaria como camino para superarlas.

Pensar y actuar en sentido de izquierda supone hacer énfasis en la distribución, la equidad y la justicia; en tono de derecha la mirada se centra en la acumulación, el crecimiento y el orden; las diversas opciones políticas se obtienen a partir de mezclas, en tantas permutaciones como sea posible, mediante las cuales se expresan los diversos intereses de las organizaciones sociales. Sus propios extremos serían el desarrollismo o el populismo.

En su texto sobre la globalización y la Democracia, Boaventura de Sousa (2003), define la democracia como todo el proceso de transformación de relaciones de poder en relaciones de autoridad compartida. Esta definición impone a la sociedad política la tarea de ampliar la democracia, hacerla incluyente y capaz de soportar el disenso, al tiempo que ayuda a calcular el tamaño del vacío que han dejado la intolerancia, la codicia y la barbarie de los extremos.

Los resultados electorales de España han puesto el retorno de la izquierda en el mejor lugar de los editoriales de la gran prensa. Si bien este giro fue explicado inicialmente en todas partes como un asunto excepcional, debido a una actuación emotiva de los ciudadanos ante el terrorismo, unas semanas más tarde los cambios en la política interna de Francia dieron cuenta de una nueva reacción de los electores ante el recorte eventual en la seguridad social, esto obliga a buscar explicaciones más juiciosas y detenidas de los asuntos en juego.

Ya no está sola la intervención militar a Irak en el repertorio de las explicaciones, parece tratarse al mismo tiempo de una reacción producto de la tensión social acumulada, y en consecuencia el giro político está expresando un interés colectivo por buscar alternativas a asuntos de marca mayor como la globalización excluyente, al fundamentalismo en las prácticas del mercado libre y la demanda de los ciudadanos por algún tipo de autoridad pública que garantice la redistribución de la riqueza.

La actual composición de los gobiernos en América Latina y sus tendencias, reflejadas claramente en las políticas públicas que privilegian, así como los cambios que le han dado a sus relaciones internacionales en materia de negociaciones y acuerdos comerciales, hace que la política aparezca como un instrumento capaz de expresar y generar sentido. Esta tendencia en el escenario internacional tiene su correlato en Colombia: en el país la política tiene la responsabilidad de fortalecer el papel generador de equidad por parte del estado, animar la organización social, crear un ambiente estimulante para la participación y la libre iniciativa y, de manera especial, arrebatarle las banderas de la igualdad y el orden a los actores armados.

Es probable que los extremismos busquen interponerse en la posibilidad de crear un nuevo escenario parlamentario, constituido por partidos con capacidad de ejercer el poder y convertirse en oposición y alternativa, que al tiempo puedan contar con reconocimiento y articulación internacional. Permitir y favorecer la presencia de estas reglas apenas elementales de la democracia, rompería con la monotonía bipartidista, estimularía la generación de otras prácticas en la gestión de los asuntos públicos e introduciría la dulce posibilidad de hacer política, por primera vez, en la historia reciente de Colombia.

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