domingo, 18 de septiembre de 2005


CIUDAD PARA ABREVAR

Por:

Mario Hernán López

Al salir de alguna de las estaciones del metro de Medellín, los transeúntes quedan de frente a la valla publicitaria que anuncia una cantina con aguardiente local de buenos precios: El Montañero Porteño. Es difícil encontrar otra figura más precisa que el nombre de esa cantina para señalar lo que allí acontece con el tango, que permita describir la extraña y paradójica relación de la música de Enrique Santos Discépolo, Canaro, Magaldi y Gardel, con los habitantes de la ciudad. Siempre habrá que preguntar la razón por la cual una música anclada en la nostalgia, inscrita en una poética del mar, trepa los andes y logra traducir con precisión las emociones de montañeros andariegos. Sorprende que un aire musical, siempre taciturno, se convierta en símbolo social de hombres y mujeres de costumbres habladoras y espontáneas.

- Mi barco velero como una paloma blanca cruza el mar (…), se escucha cantar al mesero del Montañero Porteño.

Desde luego que las culturas se nutren, enriquecen o envilecen en sus interacciones, de ahí la fragilidad de los nacionalismos. En ocasiones los sincretismos logran gestar verdaderas explosiones de creatividad, como en el caso de la música del caribe que copa casi todos los territorios culturales de América, ofreciendo una gama amplia de ritmos y calidades, cargados de descripciones precisas de los imaginarios y motivaciones:

Quisiera ser un pez

para meter la nariz en tu pecera

y hacer burbujas de amor

por dondequiera.

Pasar la noche entera mojado en ti.

Reconocer estas dinámicas ayuda a comprender lo que sucede en Manizales con el festival de Jazz: En su séptima edición, realizada entre el 13 y el 17 de septiembre, el festival puso un tono cosmopolita en una ciudad cercada; no obstante las dificultades económicas para realizarlo, los organizadores lograron convocar músicos como el excepcional pianista cubano Aldo López, el percusionista colombiano Samuel Torres, el vibrafonista David Friedman y al bajista Juan Pablo Balcázar con Heckel Quartet de España.

- El festival hay que defenderlo; decían los asistentes.

- Cada vez hay más público en el festival de Jazz; se leía en un titular de prensa.

- No se puede hacer un festival limosneando; dijo Paulo Sánchez en la inauguración.

Esa misma semana, la ciudad asistía tarde a un concierto de Diomedes Díaz, bailaba en las madrugadas milongas en la cantina de Mónica Vélez e intentaba cogerle el paso lento a las nuevas bachatas de Juan Luis Guerra.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

sin nada más, pocos sumerjan sus cabezas en grandes sentimentos musicales, sin embargo son muchos aquellos que prefieren el vulgo.

Anónimo dijo...

QUISIERA SABER QUIEN CANTA LA CANCION DE MI BRACO VELERO YAQ TNGO MUCHO TIEMPO BUSANDOLA AGRADESCO LA AYUDA Q PUEDAN PRESTARM MUCHAS GRACIAS MI CORREO ES NAU_WICCAN@YAHOO.ES